El
gobierno había decretado toque de queda a partir de las seis de la tarde, poco
importó en casa, mamá iba a dar a luz. Nací en Huánuco, donde durante año y
medio viví en casa de mis abuelos maternos, rodeado de tías. ¿Quién recuerda el
primer año? Yo solo tengo imágenes vagas de una habitación celeste, un ropero
enorme y un anciano (con quien comparto un nombre) que me llevaba en sus rodillas;
quizás esa es la razón –y recién lo advierto– del color que siempre han llevado
las paredes de mi dormitorio.
Mi padre había comprado un terreno en la capital y
decidió regresar definitivamente a Lima –él nació allí–, mi madre, mis hermanos
y yo lo seguimos.