Nací de chiquita en la Clínica San José,
atendida por monjas, a pesar del gusto de mi padre. La ambivalencia marcó mi
vida. Soy atea, bipolar, solitaria y porteña. Como no acepto los nacionalismos,
pude recorrer el mundo entero más de cuatro veces como corresponsal y fotógrafa
(conocí 157 países), vivir en New York (donde estaba Rajneesh, el movimiento
hippie y Woodstock), Katmandú (donde pasé dos meses en un lamasterio), Londres
(porque no hay ciudad que me guste más), Houston (donde obtuve un doctorado y
un master y trabajé como sólo se trabaja allá, mucho), y desde hace 15 años en
Mar del Plata: siempre como si fuese mi hogar. Sin embargo, no puedo negar que
tengo un especial rechazo por Buenos Aires: soy una amante incondicional de la
naturaleza y a pesar de haber creído en mi juventud que el hombre es bueno por
naturaleza (como pensaba Rousseau), desconfío de la gente. Fui artesana en
cueros en Plaza Francia y hippie por convicción. Trabajé siempre para agencias
de noticias y en publicidad. Cursé dos años de Física Astronómica en La Plata,
y después la carrera de psicóloga clínica y la licenciatura en Filosofía.
Estuve muchos años en el Hospital Borda y el Moyano, practicando psicología, no
adentro. Adentro estuve dos veces: una a los 21 y otra el año pasado. Pero
siempre salgo. Mis amigos y amigas, que mantengo desde el colegio secundario,
me ayudan. 