Soy argentina y
pertenezco a la patria grande que soñaron otros, mucho antes que yo. Soy
porteña, nostalgiosa que de chica vino a poblar el gran conurbano. En ese
entonces, era campo, quintas, casas construyéndose e inmigrantes recién llegados.
Así paso mi infancia entre patos, pavos, perros, gallinas y árboles frutales.
La vida era reunirse con amigos y perderse en el plantío mientras había sol. El
camino a la escuela era un sendero de tierra de varias cuadras.
Mi adolescencia
transcurrió leyendo a Marx y admirando al Che, en un país imaginario donde todo
era posible. Las calles se asfaltaron, volvió Perón al país y los militares mas
tarde sembraron el miedo. Algunos amigos perdí y otros están lejos, muy lejos,
desandando los pasos de sus padres volvieron a España o Italia y ya no
volvieron.